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Bea.: Una tarde excitante

Publicado en por wilfredo ferreira

Hola, me llamo Bea y tengo 21 años. Lo que os voy a contar me ocurrió hace medio año aproximadamente, mientras cursaba tercero en la facultad. Durante el curso vivía sola en una casa alquilada, aunque muchas veces mi novio, compañero de clase en la facultad, pasaba algunos días conmigo. Pues bien, aquel año, Marcos, mi novio, se había ido a estudiar a Alemania, así que siempre estaba sola y triste. Como aquella situación empezó a resultarme bastante insoportable convencí a una amiga de mi clase, Isabel, para que se trasladara conmigo, y en diciembre nos pusimos a vivir juntas. Agradecí mucho su compañía y empezamos a compartir mucho tiempo. 
Una noche decidimos los amigos salir a cenar y luego de fiesta a cualquier pub de la zona para festejar el fin de los primeros exámenes. Por la tarde Isabel y yo salimos de compras y llegamos a casa con muy poco tiempo para arreglarnos.

- Bea, ¿Vas a ducharte?- me preguntó nada más llegamos.

- Sí, claro, ¿Tienes que ducharte tú también?.

- Sí, sí. Pues si no te importa nos duchamos juntas, ¡Que no hay tiempo!.

Me pareció buena idea, hasta la fecha no nos habíamos visto desnudas completamente pero no sentíamos ningún pudor la una con la otra. Entramos en el cuarto de baño y nos desnudamos. Isa tenía unas tetas grandes y firmes, sus caderas eran anchas, pero tenía unas curvas y un culo muy bien puestos y un coñito muy bien depiladito. Yo, en cambio, tengo las tetas un poco pequeñas, aunque con una forma redondita y bonita, unas caderas estrechas, un cuerpo atlético por la piscina y unas piernas largas y firmes. 
Así pues entramos corriendo en la ducha porque estaba haciendo muchísimo frío. Mientras hablábamos del sexo con nuestros novios, continuando así la conversación que hacía rato estábamos manteniendo. Isa me hablaba de las posturas que más le gustaban y de las zonas que más le gustaban que le acariciasen. Cada vez la conversación era más atrevida y excitante.

- Oye Bea, ¿En que piensas cuando te masturbas?.

Hizo la pregunta tan normal, pero me había pillado por sorpresa y no sabía que contestar, además, últimamente me masturbaba mucho ya que hacía tiempo que no mantenía relaciones... ¿Me habría visto?.

- Pues no se... - empecé bastante impactada.

- Venga mujer, sé que te masturbas, te he visto y me he masturbado yo mirándote.

Aquella confesión me dejó helada, no sabía como reaccionar, me moría de vergüenza, pero por otra parte la idea de que Isa me espiase me excitaba mucho. Me había quedado completamente quieta, así que Isa puso gel en sus manos y siguió enjabonándome sin la esponja. Primero me hizo dar la vuelta y enjabonó mi espalda. Sus manos acariciaban mi piel y un cosquilleo recorría mi cuerpo llegando hasta la zona más prohibida de mi cuerpo. Deseaba que siguiese tocándome pero me sentía un poco mareada. Isa fue acercándose a mi hasta que sus enormes tetas se aplastaron contra mi espalda, y en esa posición empezó a enjabonar mi estómago y, cuando sus manos llegaron a mis pezones un suspiro de satisfacción salió de lo más hondo de mi, a la vez que una necesidad nacía en mi cabeza: quería que Isabel me poseyera.

- ¿No vas a contestar Bea? Pues empezaré yo. Yo me masturbo pensando en ti, en tu rajita húmeda y caliente y tus pequeños pezones. Eso era suficiente, pero ver como te enjabonas ha sido demasiado para mi.

Y sin más introdujo dos dedos en mi coño. Los movía de una forma riquísima y el contacto de sus pezones grandes y duros en mi espalda me estaba volviendo loca.

- Sigue Isa, sigue...

Era lo único capaz de articular mientras ella pellizcaba mis pezones y me penetraba con tres dedos.

- ¿Quieres correrte Bea? - me preguntó con una voz cortada por la excitación.

- ¡Sí, sí!

Sólo era consciente de sus dedos pero ella los sacó de pronto. Me giré indignada y confusa, pero sin darme tiempo a reaccionar empezó a lamer mis pezones y a succionarlos con ansia. Yo cogía su cabeza para que no dejara de chupar. Paró durante unos instantes, el tiempo justo para quitarnos a ambas el jabón del cuerpo, para dejarle hacer separé las piernas y ella apuntó el chorro de agua sobre mi clítoris. Esa sensación era indescriptible, pero cuando Isa se agachó y empezó a lamer mi coño tuve que gritar.

- Isa sigue, ¡No pares!.

Mi amiga empezó a lamer más fuerte, introduciendo su lengua y chupando mi clítoris, mientras, con las manos pellizcaba mis pezones. Nunca me habían chupado de esa forma por lo que tardé poquísimo en correrme e Isa no paró de chupar hasta que no quedó ni rastro de mis jugos.

- Mmmm... Que bueno Bea, ¡Ven!

Me sacó de la ducha y dócilmente me dejé conducir hasta su cama, donde me tumbó con las piernas bien abiertas.

- Tienes un coño que me está volviendo loca, ¿Quieres más? - me preguntó.

- Sí, quiero más.

Se levantó de la cama y se dirigió al armario buscando algo. Para ello se inclinó, dejándome ver una raja que brillaba con sus jugos. Sin intentar resistirme me lancé sobre su coño y chupé y metí mi lengua por todos los rincones. Estaba completamente excitada y sentía mi boca llena de la humedad de su raja.

- ¡Aaaaah, Bea, más! ¡Sigue que me corro!.

Ella se movía como si la estuviese penetrando con mi lengua, hasta que sentí como se corría y mi cara se llenó de su flujo. Tragué todo lo que me dio, pero sin dejarla descansar la cogí y la tumbé en la cama. Empecé a succionar sus grandes pezones y seguí lamiendo su coño, ella me gritaba desesperada para que no parase hasta que se volvió a correr. Entonces sí cogió el consolador que tenía guardado en su armario, vino hacia la cama y me puso a cuatro patas. Me penetró con esa enorme verga de plástico.

- Isa, me gusta, me encanta.

No podía dejar de gemir y ella me penetraba fuerte y rápido por lo que no tardé en correrme de nuevo. Pero ella no paró, siguió penetrando igual de fuerte mientras chupaba y metía su lengua en mi culo. Nunca me habían hecho eso y me gustó muchísimo, pero aun me gustó más cuando Isa empezó a dilatar mi agujero con sus dedos y después de un poco me metió la polla de plástico. Me penetraba por el culo y yo gritaba de placer y mientras ella acariciaba mi clítoris con sus pezones y su otra mano. Me vine unas cuantas veces más, hasta que no pude más y caí rendida. Pero antes de dar por terminada la sesión hice que Isa se corriera unas cuantas veces más, poniéndome como si fuéramos unas tijeras y rozando nuestros coños.

Ni que decir tiene que llamamos a nuestros amigos y les dijimos que no podíamos ir a la cena. 

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